Puedes golpearme la puerta pero no prometo atender siempre. Siéntate a mi lado, cuéntame de ti, aunque yo no te escuche. Verás, a veces me parecerá interesante lo que digas. Otras veces, más frecuentes, simplemente me dedicaré a mover la cabeza mientras pretendo oírte. De vez en cuando me reiré y sonreirás satisfecho de haber logrado mi atención. Te irás al alba, a econtrarte con amores que verdaderamente te proporcionen dicha.
Puedes traerme regalos pero sabes que hay posibilidades de que no los acepte. Por momentos me quedaré callada y me resignaré a contemplar la ventana: debes saber que estaré pensando en él.
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