domingo, 22 de julio de 2007

"Mediocres del mundo, yo los absuelvo"

A veces me pregunto si tener un don es una bendición o una maldición. Jaqueline era algo caprichosa y arrogante pero sabía que tenía talento, algo que otros no poseían. Amaba tocar el violonchelo y demostraba toda su habilidad en el escenario. Mas no lograba ser feliz y se preguntaba que hubiera sido de ella si hubiera elegido una vida sin tantas pasiones pero con más tranquilidad en el campo, como su hermana Hilary. Jackie enfermó de esclerosis múltiple y cuando todos la olvidaron, entendió que la fama era efímera y que al final del día sólo quedaban ella y su violonchelo, ella y el don que ya no podía explorar.
En alguna otra parte del mundo, muchos años antes que Jackie, Antonio moría de envidia porque otro componía la música que él hubiera querido componer. El solo hecho de saber que existía alguien con ese talento que él decía carecer lo paralizaba de cólera.
Muchos años después, en una película norteamericana: el personaje, Will, es un pobre obrero huérfano que prefiere desperdiciar sus días y noches tomando cervezas con el resto de sus amigos, unos perdedores sin futuro, antes que canalizar el don para las matemáticas que un profesor de MIT le descubre. Porque para Will las matemáticas son fáciles pero cargar con la responsabilidad de un talento no lo es.
Un don es una bendición si duda alguna. El gran pecado consiste en no querer o no saber aprovecharlo.

Cosas que me gustaría que ellos digan

"Es como si nos hubieran entregado un ovillo lleno de inseguridades, una bomba a punto de estallar. Y nosotros la desenredamos y volvimos a enredar. La enterramos en nuestro mundo, la obligamos a abrirse, a compartir sus peores miserias. Y se volvió loca. Feliz y tormentosa, triste e histérica. Una revolución de sensaciones y acciones; nosotros, a veces simples espectadores y muchas otras, activos participantes de su locura, fomentándola. La amamos, la dejamos, la herimos, la usamos, la confortamos. Y de repente alguien nos la quita. Con paciencia de monje, desenreda los hilos. Aguanta la resistencia original y acalla los eventuales y cada vez más esporádicos ataques de insurrección, una histeria latente pero finalmente adormecida. Y produce el milagro.
Ahora ella vuelve. Calmada y pacífica, ya es un ser distinto. Los tiempos de delirios quedaron atrás. Sin embargo, sus ojos no mienten, jamás pudieron hacerlo; adivino en su mirada un destello de rebeldía. Y comprendo, aliviado, que una sola palabra mía, un gesto cómplice, una frase que hayas dicho, una mirada o simplemente una canción la harán volver a la normalidad, a su cotidiana demencia, a ser la de antes, la que nosotros construimos y amamos. Simplemente nuestra"
"God has a wicked sense of humour"

(glenn close, "The safety of objects")

unrequited love

look how she's shining for me, shining for me, shining for me
see the fire in her eyes, the devil in her heart, she's dancing for me